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ENTRE LINEAS

Riesgo y esperanza

Riesgo y esperanza

Quién hubiese dicho que dos términos tan poéticos como riesgo y esperanza fuesen de cotidiana utilización en un mundo tan material como el de las finanzas. Los expertos en inversiones son especialistas en asumir riesgos con la esperanza de obtener una rentabilidad a su capital. Difícil es encontrar un financiero que se aparte del binomio riesgo-rentabilidad. Y, por lo que parece, cuanto mayor es el riesgo crece la esperanza de rentabilidad en las inversiones.

 

 

 

Esa premisa que se cumple con rigor en el mundo bursátil, se atenúa cuando se aplica a las inversiones que realizan las compañías de seguros. Ahí ocurre algo muy curioso ya que, si bien combinan los vocablos en igual forma, evalúan sus resultados al revés. Es decir, si obtienen una rentabilidad inferior a la esperanza que tenían por el riesgo asumido, éste no era el adecuado y, por tanto, han fracasado en la inversión realizada. Podríamos pensar que si, el resultado es el contrario, es decir que la rentabilidad obtenida es superior a la esperanza que tenía por el riesgo asumido, celebrarán que la inversión ha sido satisfactoria. Nada más lejos de la realidad. Consideran que es un fracaso porque, en definitiva, hemos asumido más riesgo del necesario sin haberlo previsto. Eso, dicen, es igual de nefasto. La situación óptima para ellos es que la esperanza de rentabilidad de la inversión que realizan tiene que ir en consonancia con el riesgo que se asume.

 

 

 

¿Dónde está el riesgo si a una situación eliminas el factor de que ésta pueda o no realizarse o que acometas una inversión eliminando los influjos de la suerte? Mi conclusión es que no existe riesgo y que, los hombres sabios del mundo del seguro, toman sus teorías de la realidad cotidiana, basadas en premisas, cuando menos, equivocadas. Tenemos la esperanza de obtener rentabilidad, aunque en ocasiones neguemos que ese sea nuestro objetivo, sin ningún riesgo. Aunque creamos y así lo proclamemos a los cuatro vientos, que estamos arriesgando mucho.

Ese movimiento que me gusta tanto

Ese movimiento que me gusta tanto

Anoche fui a un concierto que Alan Parsons Project daba en una sala de Barcelona. Lógicamente el aforo del local estaba hasta los topes de un público que ya pasaba de la treintena. Como sucede en todo recital que se precie, tuve que escucharlos a pie derecho (e izquierdo, claro) lo que me reafirmaba en mi postura del porqué nunca he sido un seguidor entusiasta de los conciertos en directo. Las incomodidades que suponen ese tipo de audiciones en las que te expones que algún exaltado o exaltada, en pleno éxtasis auditivo, acompañe ese arrebato con los movimientos primarios e incontrolados que se dan en los conciertos con cierto volumen de decibelios. Uno de ellos es que el sujeto o sujeta en cuestión, se ponga a dar saltos y acierte con su planta del pie en el empeine de alguno de los tuyos que, casualmente, siempre es aquél que se adorna con algún incómodo juanete en el meñique. Otro movimiento es cuando ese mismo incontrolado o incontrolada en pleno paroxismo, empieza a dar golpes con el puño cerrado al aire. Nunca he entendido si esa actitud se debe a una agresividad reprimida hacia el mundo, a que no le gusta el concierto y quiere pagarlo con el actuante o a qué. Lo cierto es que no es aconsejable cruzarse en el camino del individuo o individua en el momento que asesta el golpe al aire no vaya a ser que la receptora del mismo sea tu cara o, en su defecto, cualquier otra parte del cuerpo igual de dolorosa o más que la anterior. En realidad el peligro al que se está expuesto en esas concentraciones, es muy parecido al que se tenía cuando asistías a un recital (en mi época veinteañera los conciertos se denominaban así) de Quilapayún en el Palau Sant Jordi (entonces Palacio de San Jorge) en el año 1976. La diferencia está en que en éste los golpes te los propinaba la “gristapo” a la salida del evento y, en la actualidad, te los arrea cualquier elemento o elementa con que estás compartiendo decibelios.

 

Pero no todos los movimientos van a ser desagradables en ese tipo de aglomeraciones. A mi hay uno que me gusta muchísimo y es cuando los concertados y concertadas se ponen a bailar. Bueno, especifico, me gusta el movimiento de las concertadas. Así que procuro “amontonarme”, o sea, arrimarme, a una fémina que esté de buen ver y que se agite lo suficiente y con la proximidad adecuada, como para hacerme olvidar que estoy rodeado de desalmados que a la mínima, pueden quebrantar mi integridad física. Y es que a mi, la excitación, el entusiasmo, no me lo producen los músicos, sino los efectos que, su música, provoca en las caderas de la señora que, justo, ayer noche, estaba delante de mí ¡¡ Madre mía qué manera de menearse!! ¡¡Qué garbo cada vez que sus nalgas bajaban acompasadamente al son deEye in the Sky” dejando su culito en pompa, a la par que subía al cielo (seguro que el que yo me encontraba) sus manos en un estiramiento felino y sensual ¡!. Yo ya estaba algo más que extasiado, transportado a un Paraíso particular lleno de sacerdotisas que adoptaban lujuriosas formas solo para mis ojos. Hasta me pareció percibir el olor a incienso que debe tener el Edén…

 

¡!¿Incienso?¡! ¡!Como encuentre al mamón o mamona que me agujereó con su cigarrillo mi americana de Zegna se va a enterar de cómo son mis movimientos primarios!!

Carné de peatón por puntos

Carné de peatón por puntos

El excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona, consistorio que sigue gozando de los beneficios del gobierno tripartito, pondrá brevemente en práctica lo que ya se denomina el “carné de peatón por puntos” para paliar los acuciantes problemas de circulación que asolan la convivencia de los ciudadanos y ciudadanas de la ciudad condal. La idea, ampliamente apoyada por todos los regidores del consistorio, excepción hecha claro está, por los pertenecientes al Partido Popular, tiene muchas similitudes al carné de conducir por puntos. Así el peatón parte con un saldo de doce puntos los menores de sesenta y cinco años y de ocho los mayores de esa edad, que se irán restando de su saldo, a medida que vayan cometiendo infracciones de tráfico. La diferencia en saldo de puntos entre menores y mayores de sesenta y cinco años, toma en cuenta los resultados de un concienzudo estudio realizado por actuarios del partido de los socialistas de Catalunya en el que se concluyó sin lugar a dudas que, los menores de sesenta y cinco años tenían mayor esperanza de vida que los mayores de esas edad y que, por tanto, iban a necesitar mayor número de puntos.

  

El carné de peatón por puntos, cuya implantación se prevé será efectiva a partir del primero de enero del año 2007, viene acompañado de una amplia campaña publicitaria para que los ciudadanos y ciudadanas de esta ciudad se familiaricen con el mismo y tengan en cuenta lo caro que les puede salir circular por las vías públicas barcelonesas no respetando unas sencillas normas de convivencia peatonal. La guía, publicada en catalán, inglés, suhajili, en “quépasaneng” y en “opàvamosahaseruncorrà”, contiene algunos de los ejemplos de ese carné tan novedoso. Citaré unos cuantos. Circular por la acera a una velocidad inferior a los 10 quilómetros hora entre las siete y media y las nueve de la mañana, será penalizado con la pérdida de tres puntos porque, a esas horas, hay que ir a “cagando leches” para entrar a trabajar y no perder el tiempo en paseítos turísticos por la ciudad. En el caso de mayores de sesenta y cinco años, la pérdida de puntos se incrementa en un punto más porque, a esa edad, lo que tiene que hacer es estar en el parque o en casa durmiendo ya que se supone que a esa edad se está jubilado y no se tiene porque estar incordiando en las calles. Pararse en el semáforo entorpeciendo el acceso a la acera de una bicicleta, se penaliza con la pérdida de tres puntos, seis si se trata de una moto y de todo el saldo de puntos si se trata de un automóvil. Las penas más graves se establecen, como es lógico, cuando se producen accidentes. Así, si el peatón arrolla en la acera a una bicicleta , la perdida es de cuatro puntos si no la mancha con su sangre y de seis en éste caso. Si el vehículo arrollado por el peatón en la acera es una moto, la pérdida de puntos es de seis y ocho para los casos con y sin sangre, respectivamente. Cuando el peatón atropella a un coche, se incrementa la pérdida de puntos hasta llegar a la retirada del carné de peatón por puntos.

 

 

 

 

La polémica más agria entre los integrantes del tripartito más la federación Convergencia i Unió por un lado y el Partido Popular, por otro, tuvo lugar cuando se discutía la conveniencia de sancionar al peatón que circulase por la acera bajo los efectos de alcohol o las drogas o saliese a la calle sin cinturón. Mientras los primeros defendían la conveniencia de no sancionar al peatón que deambulase borracho o drogado, ya que se sabe que la ingerencia de substancias de ese tipo fomenta la sociabilidad y eso ayudaría a la integración de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya, los segundos se oponían a dejar sin sanción dichas actitudes por el peligro que puede suponer para otros viandantes el que dichos ciudadanos y ciudadanas “echen la papilla” sobre otr@s “ídems” o allí donde se les produzca el contubernio gástrico o intestinal. Finalmente fue aprobada la propuesta con los votos del ilustre tripartito más los de la Federación. Igual suerte corrió la propuesta de estos, de no sancionar a los barceloneses y barcelonesas que circulasen por las aceras sin cinturón rodeando los pantalones o las faldas de aquéllos y éstas. Las razones aducidas era que, la falta de cinturón además de ser un artilugio de connotaciones represoras, producía una graciosa caída de pantalones y/o faldas en los ciudadanos y ciudadanas que dejaban al descubierto las prendas íntimas de estos y estas, es decir, los calzoncillos de los barceloneses y el tanga (ya que hoy día nadie usa las tradicionales bragas) de las barcelonesas. En lo que si estuvieron de acuerdo todos los partidos es en dejar sin sanción, pasear por la acera hablando por el teléfono móvil y eso independientemente de la compañía telefónica a la que pertenezca el ciudadano o ciudadana.

 

Para hacer efectivo el que un peatón o peatona que ha perdido sus doce u ocho puntos, no vuelva a circular por la acera en el tiempo que dura la restricción viaria (seis meses sin carné la primera vez y doce meses sin carné las siguientes) se atarán sus tobillos convenientemente con unos grilletes de manera que estos impidan dar un paso en condiciones hasta que no recuperen de nuevo los puntos. Estos se recobrarán mediante la realización de unos cursos de sensibilización y reeducación, que llevarán a cabo los miembros de la banda terrorista ETA que vayan siendo excarcelados en el proceso de paz que ahora ha iniciado la administración Rodríguez Zapatero, porque en algo deberán tenerlos entretenidos en cuanto se vayan al paro ¿no?.

 

La elaboración del carné de peatón por puntos ha contado con el asesoramiento de profesionales en materia de circulación viaria. Así, entre otros, Farruquito que entre gala y gala prestó su inestimable colaboración al simbólico precio de 102.483 €uros, más otros 8.275 €uros que los invertirá en la compra del “tablao” dónde efectuará sus próximas representaciones.

 

El éxito de la implantación del carné de peatón por puntos ya está asegurado. El alcalde Clos (que no, que no se ha roto nada) en una entrevista concedida a los medios de comunicación del grupo “Risa”, explicó que otras alcaldías de Catalunya ya habían solicitado información al consistorio barcelonés para su implantación en los términos municipales. Rocafiguera, Sant Joan Fumat y Castanyet han sido los primeros.


Antes de irme...

Antes de irme...

Siéntate junto a mí, hablaremos unos cuantos minutos, perderemos el tiempo como un par de locos que hablan de todo y al mismo tiempo de nada, que permanecen en silencio porque no saben que decir aún cuando alguna vez pudieron creer que estar juntos era su destino.



Las mismas razones, la misma ocasión y por qué no, hasta el mismo lugar. El mismo recibimiento, ver a lo lejos como te acercas paso a paso y esperarte con una sonrisa. Desear tantas cosas y no poder hacer nada, no está permitido, no deberías hacerme creer que es importante, no deberías hacer que crea que me extrañas, estamos tan distantes que cualquier muestra de aprecio sería aceptada sin discusión y me haría caer nuevamente ante ti.

Y no quiero que eso suceda nuevamente, sé como es eso, felicidad instantánea que dura poco tiempo y termina destruyendo todo lentamente, con tu partida, sin volver a ver tus ojos, sin escuchar tu voz y esperando que algún día cambie la situación, que te acerques y digas algo que me haga sentir una verdadera alegría, que pueda abrazarte y quizá darte un tierno beso... nada más que simples fantasías causadas por... ni siquiera tengo una razón aceptable, pero eso no importa, no en este momento, tampoco en aquel recuerdo.

No tiene sentido hacer que la vista sea un poco más agradable, que el lugar luzca más acogedor, que alguien levante los papeles que han quedado tirados después de tantos y tantos intentos de escribir algo. Nada tiene sentido, la vela sobre la televisión, el cuarto medio-aseado, la hora de marcharse y dejar la fantasía para pasar a la realidad donde te encuentro sin poder acercarme. Límites que he puesto para hacer más fácil este momento, el momento en que no estás.

Tal vez podría decirlo con palabras más sencillas y oraciones que chocaran con la cursilería (si es que aún no ha sido bastante), tal vez podría simplemente mirar hacia otro lado y tomar las diferentes opciones que se me presentan, tal vez podría dejar de escribir y hablar sin más rodeos... pero aún es muy difícil, ni siquiera estoy seguro de saber que es lo que realmente quiero decir, lo único seguro es que contigo parecía que todo era más fácil, que los días eran diferentes, que había algo por lo que valía la pena continuar en el camino. Ahora no lo sé, quizá lo descubra más tarde, quizá mientras duerma, quizá la próxima vez que te vea, aunque tal vez cuando eso suceda todo sea diferente.

La última palabra

La última palabra

- ¡! Siempre quieres tener la última palabra ¡!

 

- Te equivocas. Siempre contesto a lo que me dices o escribes porque tengo la esperanza que, entre mis argumentos y tus réplicas, nuestra conversación no acabe nunca.

Viaje a las estrellas

Viaje a las estrellas

Desde muy pequeño, en las noches de verano, le gustaba estirarse en el césped del jardín de su casa con la mirada puesta en el cielo viendo como goteaba de estrellas. Tantas noches se pasaba contemplándolas que acabó conociendo el nombre de las constelaciones que formaban. Andrómeda, Cassiopea, Hércules, Orión, Pegaso, Perseo … y tantas otras que pasaron a formar parte de su Universo. “Algún día llegaré hasta ellas”, se decía y tenía la esperanza que podría viajar a todas de la misma manera que, cada noche de verano, sus ojos las recorrían de punta a punta del cielo en tan solo unos minutos.

 

Una noche su deseo se hizo realidad y pasó a buscarle un enviado del gobierno interestelar (y es que nadie se libra de lo malo ni en el universo) en una nave espacial.

 

- “No puedes viajar a todas las constelaciones”, le dijo el enviado de las estrellas, “Las distancias entre ellas son tan grandes que tu vida solo te da tiempo a que conozcas una parte de una sola constelación. Debes decidirte por una de ellas. La que quieras”

- “¡Pero es que las quiero a todas!”, exclamó el viajante interestelar muy contrariado.

- “Solo una. Decide”

 

No pudo decidirse por ninguna, así que nunca viajó a las estrellas...

 

Ahora, como cuando era pequeño, le gusta tumbarse en el césped del jardín de su casa para contemplar las estrellas pero, a diferencia de entonces, no puede verlas. Lágrimas negras se lo impiden.

Grandeza y miseria

Grandeza y miseria

Tragedias como la sucedida ayer en el metro de Valencia nos dan una medida de la grandeza y la miseria de la condición humana. La Grandeza, así con mayúsculas, para esos ciudadanos anónimos que estuvieron desde el principio ayudando al rescate de las víctimas muchas veces al límite de sus posibilidades. La miseria, ésta con minúscula como se merece a su rango, una vez más, para los políticos que  desde el primer momento están intentando atribuir la responsabilidad de las muertes a la administración con signo político diferente. Propongo que, cuándo se envíen a los psicólogos para atender a los familiares de los fallecidos, traigan también camisas de fuerza y bozales para los administradores de la cosa pública. A ver si de una vez por todas conseguimos que se estén quietos y callados.

Mi buena amiga

Mi buena amiga

- ¿Ves? ¡Ya te lo decía yo ¡ - afirmaba la mujer con aire de compasivo triunfo – Sabía que un hombre como él acabaría haciéndote daño.

Sentada cerca de ella estaba Mireia, con la mirada perdida en algún punto de la habitación donde se desarrollaba la conversación. Quién le decía estas palabras era Esmeralda, una de aquellas amigas que alardeaba tener una vida sentimental plena y satisfactoria, con la que, además, compartía trabajo en el mismo departamento de una gran Empresa. Esmeralda le había estado advirtiendo sobre aquél hombre desde que inició una aventura amorosa con él, hacía ya cinco meses. Ese reproche continuo, curiosamente, se lo hacía por el hombre al que Esmeralda lo había arrastrado en un juego de seducción, supuestamente inocente, que acabó atrapando a Mireia en una loca y desenfrenada pasión.

- Te advertí que no debías entregarte a un seductor. A un coleccionista de amantes que, para más “INRI”, está casado –continuaba con su discurso de moralina Esmeralda- ¡Casado¡ ¡ Pero ¿qué esperabas de él, dime?! ¡¿Amor eterno?! - preguntaba sin esperar respuesta.

Mireia miraba a su amiga sin verla, en ese tipo de miradas que se ponen cuando oyes a alguien y no lo escuchas porque tu pensamiento está perdido en algún lugar. Y el pensamiento de Mireia estaba perdido, perdido por el desencuentro que estaba teniendo en ese momento con las palabras llenas de censura de Esmeralda. Le criticaba que el hombre con el que había compartido Amor durante cinco meses, estuviera comprometido y no hubiese podido ir más allá en su relación con él “¿Tú qué sabes Esmeralda?” le preguntaba en silencio Mireia. “Ha sido poco tiempo, lo sé, pero lo que he sentido en estos cinco meses no lo había experimentado nunca. No en las anteriores relaciones que me pareció duraban una eternidad. Me he sentido viva y he vivido de nuevo. He amado y sé que me han amado… Lo sé Esmeralda porque hay momentos en que, el sentimiento del Amor, no se puede disfrazar en el impudor del sexo, ni en la desnudez del deseo. Existen ocasiones en que, sin saber cómo, el Amor se presenta en una palabra, en una mirada, en una caricia y puede durar una hora, un minuto o un soplo, pero que a algunos, como tú mi querida amiga, no se le ha mostrado jamás. Lo he sentido, he sido feliz y no me arrepiento de nada de lo que he hecho ni, por supuesto con quién lo hice. Lo sé, Esmeralda, por éste vacío tan enorme que ahora tengo, antes lleno de lo que él me daba y de lo que yo le regalaba. Lo único que lamento y por eso estoy triste es por tí, querida Esmeralda. Porque a pesar de todo eres mi amiga y, aunque hoy necesito de tu abrazo y que nos alegramos juntas que por fin una de nosotras haya podido conocer la dicha, siento pena por ti. Una inmensa pena porque todo este torrente de sensaciones que ahora se deslizan por las cataratas del abismo de la separación, tú nunca las has tenido”.

Átame

Átame

Nunca antes había deseado atar a una mujer. Y sabía que mentalmente la ataba a él, aun cuando sabía que no tenía derecho a ello.

 

Se arrodilló a su lado y con gentileza le acarició debajo de los pechos y por la curva de la cadera, un contacto leve y excitante a medida que su fantasía crecía. En ese momento la tenía en su poder. Podía hacer lo que quisiera con ella. Y sabía con exactitud qué era eso. Cuando ella pronunció su nombre, con voz suave y suplicante, se inclinó para darle un beso en la mandíbula y descender por la fina columna del cuello. Dedicó un tiempo considerable a esa tarea. Lentamente descendió, provocándole las cumbres de los pechos, para terminar con incursiones por los pezones erectos. Introdujo un pezón en la boca y succionó, provocándole un jadeo de ruego cuando empleó labios y dientes. Mientras succionaba, dedicó la mano libre a jugar con el otro pezón, apretando y frotando como sabía que la excitaba.

 

Ella arqueó el cuerpo y se retorció bajo las caricias que le dedicaba. Desesperado por tenerla, pegó el pene a su cadera. Con delicadeza le lamió la caja torácica, después se movió hacia el centro de su cuerpo para meterle la lengua en el ombligo. Sintió los musculos de ella temblar y provocaron una misma respuesta en él. Agarró una almohada y la metió bajo sus glúteos, con el fin de abrirle los muslos y situarse entre ella. Ella emitió un leve gemido, que podría haber sido una protesta... o una invitación.

 

No le importaba. Sabía lo que quería. Besarla. Darse un festín con su esencia.

 

Con suavidad le apartó los pliegues del sexo con los dedos y sintió que se aceleraba al descubrir hasta donde llegaba la excitación de ella. Estaba blanda, inflada y lubricada. Con un sonido torturado procedente de su garganta, se inclinó para encontrar con la boca y beber la dulzura con labios y lengua. Sabía a calor, a miel y deseo femenino. Al aferrarla por las caderas para aquietarla con una especia de amable salvajismo, ella gimió en protesta. Pero esa noche quería el control, el poder y la satisfacción de llevarla al climax. No había manera de expresar sus emociones con palabras. A cambio, utilizó la boca.

 

La besó, la acarició. Experimentó con el ritmo, la presión y el ángulo de la boca hasta descubrir qué era lo que más le gustaba a ella.

 

Y cuando sintió los primeros temblores del orgasmo contra su boca, sintió que algo fiero y tierno le atenazaba el pecho. Ella gritó su nombre cuando la llevó hasta el precipicio. Él bebió del orgasmo, asombrado por las sensaciones que le transmitía desde el núcleo hasta sus labios. Aguardó hasta que los temblores se mitigaron. Luego, medio enloquecido por su propia necesidad, se arrancó los calzoncillos e introdujo el miembro palpitante en ella. El sexo siempre había sido una forma de placer físico. Pero esa noche era una pequeña parte de lo que sentía. Fué dominado por unas sensaciones que jamás habría podido articular. Sin embargo, las sintió hasta lo más hondo de su alma.

 

La sintió moverse al mismo ritmo que él. Sin darse cuenta, ella se había soltado y le clavaba las uñas en la espalda.

 

Entonces él tembló con la fuerza absoluta de su liberación, con la cabeza echada hacia atrás a medida que el éxtasis lo envolvía. Sintió el cuerpo de ella convulsionarse, sintió que lo agarraba con más fuerza, la oyó gemir de placer mientras lo seguía al lugar donde había vuelto a guiarla. Se derrumbó sobre ella, demasiado extenuado para moverse. Cuando el cerebro volvió a funcionar, intentó ponerse de costado, pero ella no se lo permitió.

-Quédate dentro de mí. Murmuró.

Él también quería permanecer conectado a ella el tiempo que pudiera. La rodeó con los brazos y rodó hasta situarse de lado sin soltarla. Ella acurrucó la cabeza sobre su hombro y él le acarició el pelo.

-Deberíamos dormir. Ha sido una noche larga. Murmuró él.

-Sí. Susurró ella.

El cuento que no me aplico

El cuento que no me aplico

Con la cantidad de cosas que tengo “entre bites” no hay manera de poder “colocar” un escrito estos días. Por mucho que lo intento, no me aplico lo que escribo . No rasgueo cuartillas, no leo ni os leo, casi ni comento y eso me produce insatisfacción porque no hago lo que me gusta. Vosotr@s, por si acaso, seguid por aquí cerca, porque mañana pagaré mi tiempo y me tendréis casi al completo.

Limpieza general en una mañana de domingo

Limpieza general en una mañana de domingo

Sueña, como siempre acostumbra a hacer, que camina descalza por una playa solitaria, cada vez que sale al pasillo. Entra en cuevas abandonadas desde hace siglos cada vez que comienza en una nueva habitación a hacer una "exploración pormenorizada" de lo que allí ha acontecido durante tan largo abandono… Escucha el sonido del mar, siempre nuevo y diferente, con cada nueva canción que empieza en el CD que suena en el aparato del comedor...

 

Hay una cueva más complicada que las demás, ya que pertenece a un capitán de piratas que cada tesoro que encuentra por la vida, lo esconde como si fuera el más preciado... sin un orden aparente pero con el recuerdo exacto de qué tesoro es, dónde lo encontró y dónde lo depositó. Esta es la cueva que más dificultad ofrece, y en la que tendrá que ir con sumo cuidado pues cada movimiento en falso llevará una penalización verbal en cualquier momento que habrá de asumir inventando cualquier falsa historia.

 

Ahora sube al acantilado y, desde las alturas, se sorprende por la gran cantidad de corales que se han instalado en la zona -ya sabe que los corales están en las profundidades marinas, pero estas son profundidades instaladas en las alturas (allá cada cual lo que vaya entendiendo) corales tan unidos que ni siquiera se ve un centímetro de la roca que les sirve para anidar.

 

Allí, en los acantilados -estos si que son complicados y difíciles y que mayor dosis de capacidad imaginativa requieren- campan sus sueños más íntimos… la belleza del acantilado y la bravura de las aguas rompiendo en ellos, le hace sentir bien.

 

Pero le da miedo mirar el abismo y sueña con que Él ha venido a sujetar sus piernas… ¿o son sus muslos, tal vez? Pues no. No son ni las piernas ni los muslos. Desde donde Él se encuentra ha decidido realizar una labor investigadora con aspectos nada científicos aprovechando que quizá Ella necesite su ayuda... pero la sorpresa se la ha llevado Él. Una sorpresa grata, en la que sus dedos no han dejado de recorrer el largo camino hacia las profundidades durante el tiempo que ha durado su ayuda en ese acantilado. El encuentro para Ella fue delicioso, haciendo más intensa la mecha de la pasión que ya llevaba encendida en su mente y en su cuerpo desde el desayuno.

 

En esta tediosa mañana de domingo, enfocada a la limpieza general y necesaria, ha estado fantaseando todo el tiempo con Él, desde antes de comenzar, desde que se vistió y decidió no vestirse, no vestirse por dentro, y taparse ligeramente por fuera.

Tentación

Tentación

He de confesarte algo, amada mía. Te he sido infiel. No he podido resistir el influjo de un cuerpo joven, terso y de piel suave. No he logrado evitar que su olor impregnase mis sentidos desde el primer momento. No he conseguido desprenderme de su dulce sabor que, empapando mi boca, hidrató mis sentidos.  Mis ojos quedaron atrapados al verla ahí, abierta para mí, con ese color rojo intenso propio de las pasiones irrefrenables. He sido débil, lo sé y sólo puedo decir en mi descargo que fue la única que me sirvió de consuelo para mitigar este calor que me abrasa.

Déjà vu

Déjà vu

Durante todo el día me ha parecido que todo lo que me estaba ocurriendo ya lo había vivido. He escarbado en los sótanos de mi mente intentando averiguar si, ese “déjà vu”, era fruto de alguna película que había visto, de un sueño o, tal vez, esas situaciones cotidianas me ocurrieron realmente en el pasado. Como no he podido saber cuál era el origen de esa sensación, estoy empezando a imaginar otras teorías. Pudiera ser que, cuándo atraviesas esa línea teórica que marca la mitad de la vida, el tiempo da una vuelta similar a la que un nadador hace en una piscina para regresar al lugar de origen. Esa situación permitiría volver a encontrarme con hechos ya vividos. Primero los más recientes, luego los lejanos de la infancia. La hipótesis cae por su propio peso ya que, llegaría un momento en que vendrían a nuestra mente, imágenes que nos ocurrieron cuando éramos unos embriones y, lo cierto, es que no conozco persona que narrase recuerdos de sus brazadas en el líquido amniótico. Desechada la idea, me he planteado si lo que en verdad ocurría es que son los demás los que se repiten y me provocan esa impresión. O a lo mejor soy yo el que insiste una y otra vez en las mismas cosas y no me estoy dando cuenta (si es así espero que algún alma caritativa me lo diga)

 

No lo sé pero, lo que sí es cierto, es que vuelven a mí lugares y personas de un pasado con idénticos gestos e iguales palabras. Y es que, en definitiva, nada cambia. Sólo se transforma y conviene saber en qué.

Los dos soles

Los dos soles

Érase que se era un sol que apareció nuevo en el cielo. El espectáculo que ofrecían os lo podéis imaginar, era de lo más extraordinario viendo aquellas dos masas ígneas brillar por encima de las nubes.

 

 

 

Pero he aquí que fue que siendo la gente ávida de cosas nuevas, empezó a encontrar todas las maravillas en aquél nuevo sol en pañales. Poco a poco el viejo astro se ensombreció hasta casi llegar a la luz de una cerilla. ¡Tantos años, siglos alumbrando y ahora, incomprensiblemente, se consumía olvidado por todos aquellos a los que dio alegría de poder ver, de notar calor ¡

 

 

 

El nuevo sol, incrédulo, miraba a su antecesor y le preguntaba: “¿Y ahora, después de tantos siglos lloras por ellos? El llanto apaga tu resplandor, le quita la luz a las estrellas, a la Luna y perecen contigo porque necesitan también de ti. Te comportas como un egoísta por hundirte en la desesperación sin pensar en ellas ¿Acaso no mereció la pena por todo lo qué luchaste, todo lo qué sentiste?

 

 

 

“Si”, contestó el viejo sol, “todo lo vivido mereció la pena, pero me siento viejo. El peso de los años cansa mucho y mi corazón se ha agotado de sentimiento. No me quedan ya fuerzas para luchar una vez más contigo, mi competidor”.

 

 

 

“No vine a competir contigo sino a ayudarte a comprender el porqué ellos nunca te comprendieron a ti”.

 

 

Administrando mentiras

Administrando mentiras

 

La administración Aznar nos involucró en una guerra, esgrimiendo como argumentos la defensa del mundo occidental y de las democracias ya que el País agredido era potencialmente peligroso pues en él se encontraban “armas de destrucción masiva”. Mintió.

 

 

La administración Aznar atribuyó a los terroristas de ETA la responsabilidad de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid cuando todos los hechos apuntaban al terrorismo islámico como el causante de la barbarie. Mintió.

 

La administración Aznar mintió y sus mentiras lo apartaron del poder.

 

 

 

La administración Rodríguez Zapatero se comprometió a respaldar íntegramente el Estatuto que aprobase el Parlamento catalán. El Estatuto que aprobó el Parlamento de Catalunya el 30 de setiembre de 2005 por el 90% de sus miembros, fue modificado en más de 145 artículos por el ferviente apoyo recibido, entre otros, del Partido Socialista Obrero Español. Mintió.

 

La administración Rodríguez Zapatero solicitó permiso al Parlamento español para iniciar un diálogo con los terroristas de ETA, condicionado previamente, al abandono de las armas por parte de la organización terrorista y de la condena de la violencia de sus adláteres ‘políticos’, la ilegalizada Batasuna. Ninguna de esas circunstancias se ha dado, no obstante hace semanas, meses, que se está ‘negociando’ con los terroristas. Mintió.

 

La administración Rodríguez Zapatero ha mentido y sus mentiras le darán más poder.

 

Ambas administraciones han faltado gravemente a la verdad, pero la diferencia entre una y otra está en que el primero nos metió en una guerra y, el segundo, en una confrontación.

Lady Godiva

Lady Godiva

Al llegar la época en que nos debemos confesar ante la hacienda pública, siempre recuerdo a Lady Godiva y no precisamente por los chocolates, estupendos chocolates belgas, sino por la peculiar historia de la dama. La mencionada señora fue la esposa de un tal Leofríc, conde de Chester, con quien se había casado hacia el año 1040. De acuerdo con las crónicas de aquellos tiempos, Godiva rogó a su cónyuge que disminuyera los impuestos que abrumaban a los habitantes de Coventry. El conde accedió, pero con la condición de que Godiva atravesase desnuda las calles de la ciudad, cosa que hizo cubriéndose únicamente con su larga cabellera. Según cuentan, los habitantes, en un acto de solidaridad, se encerraron en sus casas y evitaron mirarla. Sólo la vió un indiscreto, que desde entonces fue llamado Peeping Tom, Tom el fisgón. Por supuesto que Leofric tuvo que cumplir con su palabra de noble y tuvo que abolir los impuestos innecesarios y reducir otros.

 

Y como a la historia hay que hacerla caso porque nos hace sabios, propongo una concentración (no es necesario que sea a caballo) de las queridas, gentiles y generosas damas que pueblan nuestra piel Patria ante el Ministerio de Hacienda luciendo idéntico y, a buen seguro, maravilloso traje que la legendaria Lady Godiva. Ah! Prometo no dejaros solas en el empeño y estar allí para coordinar vuestro esfuerzo y sacrificio por el bienestar social.

Mi cuerpo

Soy un compuesto 60% de agua y 40% materia orgánica por el que navegan unos 60 billones de células. A todas ellas les he dado cobijo en un recinto al que le he llamado cuerpo y las he agrupado en tejidos. Esa estructura, que logra sujetarse gracias a un esqueleto de más de 208 huesos, puede desplazarse de una manera más o menos grácil y coordinada, cuando se pone de acuerdo con mis 650 músculos. Como soy un hombre ordenado, he organizado mi cuerpo en 8 aparatos diferentes y, dado que tengo un espíritu democrático, los he dotado de una autonomía real. Ello me ha comportado no pocos problemas ya que, en ocasiones, algún grupo de células trata de revelarse contra el metículoso orden establecido originando que los aparatos no cumpliesen con los objetivos encomendados.

 

 

 

 

Por poneros un ejemplo, uno de ellos que bauticé con el nombre de reproductor, sólo ha cumplido su función en dos ocasiones a pesar de los esfuerzos, encono, dedicación e insistencia con que intenta reproducirse. Coronando la parte más alta de mi estructura, existe una cavidad poco llamativa que, para hacerla más atractiva, la rellené de una materia de color grisáceo, sólida y superficie rugosa a la que llamé cerebro. Parece ser que conseguí en parte mi propósito ya que, en la actualidad, viven allí más de un billón de neuronas. No obstante, ese éxito lo ha vuelto presuntuoso ya que cree que tiene el poder sobre el cuerpo e intenta dominar e influir en todas sus acciones. No siempre lo consigue porque doté a mi cuerpo de un órgano defectuoso que compensa su pretendida perfección… Y es curioso porque, por más que lo intente, nunca podría vivir sin ese apéndice irregular.

La alegría de ser mujer en una feroz primavera

La alegría de ser mujer en una feroz primavera

Habitualmente paso el invierno renegando de la lluvia, el frío, el viento norte, el levante, la oscuridad... y deseando que pasen esos meses gélidos y desagradables y llegue el momento mágico en que las autoridades (de la catadura que sean) decidan que hay que adelantar una hora los relojes para acomodarlos a la luz solar y así aprovechar ésta con más acierto. Pero, cosas de la vida, en el momento preciso en que adelanto mi reloj esos sesenta minutos que cada seis meses ahorramos o despilfarramos, empieza mi calvario anual.

 

Apenas han pasado unas horas del cambio de horario cuando mis hormonas comienzan su habitual baile de primavera y se disparatan en mi interior, ejecutando una danza ritual con tintes macabros, de efectos desastrosos para mi persona, efectos que normalmente se presentan en tres etapas.

 

 

 

 

La primera es el cansancio. Un cansancio brutal que se apodera de mi cuerpo de tal manera que apenas soy capaz de salir de la cama por las mañanas. Tras la ducha y el café, que normalmente me ponen en forma, sigo sintiendo que mis piernas, brazos y toda yo en general soy atraída hacia el centro de la tierra por una misteriosa fuerza gravitatoria que se ha multiplicado desde el momento en que adelanté el reloj, exigiéndome un esfuerzo casi sobrehumano para moverme. Este cansancio me afecta también a los ojos, de manera que apenas puedo tenerlos abiertos; me escuecen y me arden obligándome a entrecerrar los párpados, lo que da a mi cara una expresión de atontamiento que no me favorece lo más mínimo.

 

A continuación el ataque hormonal se dirige al interior; comienzo a ponerme triste, a sentirme fatal, desgraciada e inútil. Empiezo a dar largas a conocidos y a pasar gran cantidad de tiempo encerrada en mi casa, saliendo lo indispensable para que no me echen del trabajo. Las lágrimas comienzan a tener su propia autonomía y a desbordarse con las cosas más nimias: un anuncio sensiblero, un gesto amable, una palabra de afecto... y por supuesto con la más mínima crítica o censura. Los sentimientos de soledad afloran, y parece que el tan traido y llevado reloj biológico (siempre relojes de por medio) me avisa de que cada vez es más difícil que le de un hermano a mi hijo, que seguirá siendo hijo único toda su vida, sobre todo si tenemos en cuenta mi glorioso historial a la hora de formar pareja.

 

No contentas con esto, mis hormonas siguen trabajando y consiguen que todos los granos, espinillas, barrillos, puntos negros, vellos enconados, manchas y rojeces que no he padecido en la pubertad ni en la adolescencia, hagan acto de presencia para atormentarme. La cara se me pone como la de un adolescente anciano: es decir todos los bultos antes citados y nada de su tersura juvenil. Incluso el cuello, el pecho y las manos sufren los efectos devastadores del baile primaveral de mis hormonas.

 

Así que cuando veo ese anuncio deliciosamente horroroso que, en un ambiente plenamente primaveral, tanto que parece que hasta la pantalla huele a hierba naciente y flores frescas, dice "Estoy contenta de ser mujer, tengo la regla y no me importa", me dan ganas de estrangular al cerebro que lo pensó, o por lo menos brindarle la oportunidad de convivir unos días con mis hormonas en primavera.

 

 

 

(Con mi agradecimiento a Carmen P., el "espíritu libre" que me regaló este escrito)

Tiempo

Tiempo

El tiempo abre surcos haciendo que las porciones que separa sean completamente distintas. Lo que ayer era un vergél, hoy es tierra yerma. El objeto del deseo de ayer, es hoy desgana. A quién hoy nos causa indiferencia, ayer amábamos. Aquello que ayer nos parecía un sinvivir, hoy nos hace sonreir cuando lo recordamos. Por eso es un buen aliado, decimos. Lo cura todo, repetimos. Cada situación tiene su tiempo, insistimos. Pone a cada un@ en su lugar, sentenciamos.

 

El tiempo excava en nuestra vida permitiendo que quepan en su cauce, los frutos de las semillas que dejamos. Es generoso, tanto, que a pesar de dejarlo pasar, se nos sigue ofreciendo. Él siempre se queda y se hace visible en nuestro rostro, en nuestras manos y en nuestra alma.

 

El tiempo abre zanjas en el propio tiempo y no permite el tránsito por los puentes de nuestra nostalgia, que se empeña tercamente en unir un lado con el otro. No es bueno circular por ellos intentando volver a juntar lo que él ha separado, intentando vivir el pasado. Ese tiempo no existe. Sólo vive el que es, padre del que vendrá.

¿Muerte injusta?

¿Muerte injusta?

Hasta la saciedad estamos oyendo y leyendo que la muerte es injusta y nosotr@s asumimos esa premisa como una verdad incontestable. ¿Injusta? En absoluto. La muerte es el único acto de la vida con mayor carga de justicia que existe. Es la única que nos trata a tod@s por igual, con independencia de sexo, raza y condición social. Si de justicia hablamos, la muerte es mucho más justa que la vida que, esa sí, diferencia a un@s de otr@s. La vida no nos quiere por igual mientras que, la muerte siempre nos acoge ¿Dónde está pues la arbitrariedad, en la vida que nos es infiel o en la muerte que nos anhela?